A veces hago demasiado esfuerzo. Demasiado. Demasiado esfuerzo en comprender, en ponerle la mejor onda a todo, en ver la otra cara de la moneda… Pero es absurdo.
Todo es absurdo. Es inútil ¿Qué sentido tiene seguir mirando esas películas de amor pedorras de Julia Roberts? ¿De eso se trata? ¿De esa bosta liquida se trata todo esto? No. No es así. La vida es una mierda. La vida es injusta, es mezquina, es cruel. Son pocos los que tienen suerte. De eso se trata todo. De la suerte. Al que le toca, le toca. A los demás lo único que nos queda es seguir nadando en la misma mierda, viendo como todo el mundo es feliz y vive sus películas de Julia Roberts con mensajitos de textos por la mañana y pijas de mas de 20 centimetros de largo. Qué absurdo todo.
Y después me vienen a hablar estupideces del estilo “ya te va a llegar, todo llega en la vida, tranquilo, tenes que ser paciente, pensá en otra cosa” y bla bla bla.
¿Qué mas tengo que decir para que se den cuenta? ¿Eh? ¿Tengo que ponerme un cartel luminosos en el orto que diga “Hola, aca estoy”? Se la pasan llorando… Se la pasan llorando que la vida es injusta para ellos, y no ven, NO VEN.
No ven nada. Podrían tener el plato de arroz mas rico que jamás hayan probado en su vida en su mesa. Y no. No ven nada. Y nunca se van a dar cuenta de eso. Van a vivir felices en su realidad vacía. Nunca van a voltear la cabeza para mirar atrás y decir “Podría haber tenido ese plato de arroz en mi mesa. Qué pelotudo que fui”
Ni mucho menos, van a volver por ese plato que aun los está esperando.
No van a volver. Nadie vuelve. Nadie.

